En cierta oportunidad le preguntaron a un
maestro cual era su edad y él respondió: Soy demasiado
viejo si me comparas con un perro y soy demasiado joven si me comparas con un
alerce. La edad es una privación mental, y no debe representar una privación
para el artista marcial porque no revela
en absoluto una propiedad física ni intelectual del individuo, por lo tanto, es
absurda.
sábado, 28 de diciembre de 2013
viernes, 29 de noviembre de 2013
DUELO
En cierta ocasión se enfrentaron dos grandes
maestros samuráis en un duelo, ambos adoptaron una posición de combate en
guardia manteniendo la mirada fija en el contendor y con el dedo pulgar sobre
el suba de la espada, ninguno de los dos cerraba un ojo ni perdía la
concentración; Después de un larguísimo rato se declaró un empate.
viernes, 22 de noviembre de 2013
DIMENSIÓN
En una discusión muy antigua se preguntaba:
¿Qué pasaría si una fuerza indestructible se encontrara con una roca
inamovible? ¿Pueden ustedes resolver el conflicto?
lunes, 11 de noviembre de 2013
ARMONÍA
Dos hombres practicaban manteniendo una
postura estática, uno de ellos observó como su condiscípulo lo hacía más
fácilmente y por largo tiempo y entonces se dirigió al maestro:
-Maestro, nos ha explicado
que el cuerpo es un arma, pero no nos ha explicado por qué algunos tienen
facilidad para manejar dicha arma y otros en cambio no.
-Las armas –dijo el
maestro- necesitan estar aceitadas para que funcionen.
-Maestro, pero si
yo entreno parejo con mi condiscípulo, ¿Por qué él lo hace mejor que yo?
-No me he hecho
comprender todavía, a pesar de que un arma se aceite, no es suficiente para
activarla, no puede controlarse un arma sin gatillo y sin pólvora, requieres
pues emplear tú mente; La decisión es el gatillo y la pólvora es la explosión
interna que ordena la acción al cuerpo.
EFECTOS PERSONALES
Para los entrenamientos en el dojan, siempre había algún alumno que no llevaba sus utensilios completos: ya le faltaba un shinai, un bokken o unas argollas para el vaivén. El maestro Busho contaba una historia sobre los objetos personales que cada uno debía llevar:
"Estando "el salvador" en el desierto de Goab, enfrentando la muerte multicolor, el gran desierto de colores en el que nadie habitaba más que la muerte y cuya extensión era indescriptible y después de haber recorrido por varios días el desierto, cansado, con hambre y a punto de desfallecer, pidió al león Graograman, gran señor del desierto y ejecutor de la muerte multicolor:
-Por favor sácame del desierto
el león contestó:
-No puedo hacer eso.
-¿Por qué no puedes sacarme del desierto?
- Porque lo llevo conmigo."
-¿Por qué no puedes sacarme del desierto?
- Porque lo llevo conmigo."
**De "La historia sin fin" de Michael Ende.
martes, 5 de noviembre de 2013
EL ARMA
A un
antiguo maestro de artes marciales se allegó un joven cubierto de golpes y
moretones:
-Maestro, pertenezco a la villa vecina, y cada
cierto tiempo vienen unos hombres armados y nos roban todo lo que tenemos. El
pueblo me ha escogido a mí para que llegue hasta usted y le pida que me entrene
para poder ser su salvador. Allí en el pueblo tiene usted fama de ser un
excelente guerrero y además que puede enseñarme a pelear y darme armas.
-Tú pueblo se ha equivocado, yo no enseño a
pelear y mucho menos doy armas.
-Maestro, pero observa como quedamos después
de cada asalto de esos maleantes, por favor, enséñame a defenderme y dame
armas.
Largo rato estuvieron en esta discusión y
largo rato suplicó el hombre lo mismo. El maestro lo pensó largamente y se
retiró a sus aposentos para regresar con algo escondido entre sus manos y a la
espalda.
-Tanto has insistido –dijo- que voy a
entrenarte, te enseñaré el arte de la defensa, te enseñaré a vencerte a ti
mismo, pero para tus armas sólo puedo regalarte un fino protector.
Diciendo esto sacó lo que traía escondido y lo
entregó al hombre quien lo desenvolvió con ansias y se sorprendió al encontrar
una vestimenta.
LA PRUEBA
En cierta ocasión
un maestro le pidió a otro que por favor examinara a sus alumnos para ver si ya
estaban listos, éste accedió y se dirigió a donde se encontraban los alumnos
para poder realizar el examen. Los alumnos meditaban profundamente y el maestro
examinador entró solemnemente, pero no se movieron ni un ápice, seguidamente
les dijo:
-Si dicen alguna
palabra les corto la cabeza y si no dicen nada... les corto la cabeza.
Los alumnos
continuaron inmóviles en su meditación y entonces el examinador salió y dijo a
su igual:
-Ya están listos.
martes, 29 de octubre de 2013
EQUILIBRIO
Alumno y maestro
caminaban hacía una villa cuando observaron una gran cantidad de gente reunida
alrededor de un anciano; ambos se acercaron para escuchar lo que éste decía.
-El universo está
en equilibrio tal como el tao, todo posee un yan y un yin, todo lo bueno tiene
algo de malo y todo lo malo tiene algo de bueno, todo es complementario; pero
las fuerzas totales en el universo están en verdad en equilibrio, en perfecta
armonía.
Luego de escuchar
todo esto y algo más, el alumno trató de buscar un gesto de aprobación en su
maestro, pero al no encontrarlo se dirigió a él para preguntarle:
-¿Maestro, es todo
eso que dice el anciano, cierto?
-Mira a tú
alrededor –dijo el maestro, señalando a la gente con las manos- utiliza tus
sentidos, verifica por ti mismo antes de elaborar un juicio sobre lo oído; Las
verdades pueden ser adecuadas y aún parecer falsas; Los sentidos pueden
engañarte, así que no olvides tú instinto. Mira esos borrachos en aquella
choza; escucha el jadear de las prostitutas y de sus amantes; siente las
costosas pieles que envuelven a esa cortesana; aspira el olor de las exquisitas
viandas que viene desde el mercado; Observa como el tigre devora al cervatillo.
¿Crees aún en el equilibrio?
De ninguna manera
podemos violentar las leyes que rigen el universo vivo. Estar en equilibrio,
significa estar en calma, en plena quietud y al mismo tiempo significa estar
muerto, nada sucede en el equilibrio, si estás en equilibrio, estás muerto.
LO QUE SE MERECEN
Un alumno se allegó
a su maestro y le preguntó:
-¿Maestro, es
verdad que a cada uno hay que darle lo que se merece?
-Excelente es tú
cuestionamiento, pero, ¿Por qué no lo averiguas tú mismo? Ve y pregúntale a ese
pordiosero y luego a aquel mercader, que se encuentra allá.
El pequeño rapaz se
acercó al pordiosero, quien después de meditar unos instantes sobre la pregunta
la resolvió afirmativamente. Luego se acercó al mercader y le hizo la misma
pregunta y éste inmediatamente respondió: “sí, a cada uno hay que darle lo que
se merece.”
Hecho esto el joven
volvió a su maestro con la cara radiante y con registro de satisfacción:
-Si maestro, cada uno
debe tener lo que se merece, pero tengo otra duda, ¿Qué es lo que cada uno se
merece?
-Ve y pregunta
-volvió a decir el maestro-
El alumno volvió
donde se encontraban sus entrevistados y le preguntó a cada uno por separado:
-¿Qué es lo que
usted se merece? –preguntó primero al pordiosero-
-Haber; siempre he
sido pobre y bueno, si algo merezco yo es lo mejor: vida eterna, amor, mujeres,
bienes materiales.
-¿Y qué se merece
aquel vendedor?
-¿Ese? Ese es un
avaro, vive sólo para el trabajo y no da limosnas, se merece la muerte, el
cadalso, el infierno. –Imprecó-
Luego de escuchar
esto, el joven se dirigió a interrogar al vendedor.
-Amigo, ¿qué es lo
que usted se merece?
-Pues yo -respondió
el vendedor- he sido bueno, honesto, trabajador y merezco ser recompensado por
ello, con dinero, amor, mujeres, bienes materiales, vida eterna.
-Y ¿aquel mendigo
qué se merece?
-Ese es un vago,
vive sólo para mendigar y nunca trabaja aunque pueda, se merece la muerte, el
cadalso, el infierno.
Hechas estas averiguaciones
el discípulo regresó al maestro y las contó tal y como habían ocurrido y
además, lo perplejo que había quedado con las respuestas de aquellos hombres y,
por último, le pidió el favor que le explicara lo que había pasado; el maestro
respondió:
-Eso que acabas de
escuchar significa que cada uno de nosotros es el mejor juez para consigo mismo
y el peor verdugo para con los demás y, que si a cada uno de nosotros nos
dieran lo que nos merecemos, ninguno escaparía de una soberana paliza.
LA INVESTIGACIÓN
Todos los días
cruzaban personas por un sendero que llevaba a una villa y una anciana que se
apertrechaba a la orilla del camino, era la encargada de dar la última guía:
-Si claro, si desea
llegar a ese sitio, tome por este camino
y pronto lo encontrará.
Un día que paseaba
un joven estudiante de zen, la mujer aparte de dar la guía, también observó,
casi para sus adentros pero en un tono un poco más fuerte que su conciencia y
que el joven alcanzó a escuchar:
-Ahí va uno más.
El estudiante quedó
perplejo y preguntó a sus compañeros, a los que también les había ocurrido lo
mismo, qué quería decir la anciana con dicha afirmación. Como nadie descifró el
mensaje, acudieron al maestro que al escuchar la historia les dijo: “Iré a
investigar.” Regresó al camino por una vía alterna, pasó cerca de la anciana y
le preguntó:
-¿Cómo llego a la
villa de los zendos?
-Si desea llegar
allá, tome este camino y pronto lo encontrará –respondió ella-
y, en voz baja,
casi imperceptible dijo también:
-Ahí va uno más.
El maestro regreso
al lado de sus alumnos y los reunió para decirles:
-He investigado a
esa mujer.
EL MAESTRO
Para llevar
mensajes entre monasterios se empleaba a los alumnos, quienes hacían largos
viajes para cumplir con este acto. En un viaje de aquellos, un alumno llevaba
un mensaje a otro templo y debía atravesar determinado puente, en el puente se
hallaba un samurai a quien había sido impuesta la siguiente tarea: debía matar
con su espada a las primeras ciento cincuenta personas que atravesaran por
aquel puente, cuando el joven llegó, este le dijo:
-Debo matarte pues
tengo una tarea impuesta por mi maestro, matar a ciento cincuenta personas que
pasen por este puente y tú eres el último.
-¿Pero como? Yo
también tengo una misión que es llevar estos documentos al monasterio de la
villa.
-Lo siento, debo
cumplir, y levantó la espada.
-Espera -lo detuvo
el joven- ya que debes matarme, déjame cumplir mi tarea y te prometo que
volveré y así, podrás matarme y cumplir tú también.
-Prometes que
volverás, dijo el samurai
-Si te lo prometo
-Ve pues, que aquí
te espero.
El alumno llevó el
mensaje y le relató lo ocurrido al maestro que le recibió, diciéndole también
que aunque debía cumplir no quería morir.
Entonces el maestro
le dijo que cuando llegara al puente nuevamente, sacara una espada que él le
conseguiría previamente, la levantara en posición de ataque y cerrara los ojos
diciendo: “estoy listo para morir.”
El joven tomó la
espada que el maestro le consiguió, y empezó a deshacer camino, por fin avisto
el puente y se acercó impaciente y allí estaba el samurai quien le dijo:
-haz cumplido tu
promesa, muy bien, ¡defiéndete!
El joven hizo caso
a su maestro, sacó la espada, la levantó y cerrando los ojos advirtió:
-“¡¡¡Estoy listo
para morir!!!”
El samurai abrió
los ojos espantado y pensó para sus adentros:
-¿Cómo puede ser
posible? Este debe ser un gran maestro, está dispuesto a morir y aún en posición de ataque cierra los
ojos, si me muevo me mata.
Y prefirió huir.
SÍ MISMO
Pregunta Watsu al
maestro Didar:
-¿Puede uno cansarse
de ser uno mismo?
-Sí; si el uno
mismo tiene como particularidad cansarse de si mismo.
LA DUDA
En cierta ocasión
llegó un hombre a un poblado en América, tanto su cara como su cuerpo y sus
movimientos irradiaban serenidad y seguridad, la gente armaba grupos a su alrededor
para escucharle hablar de otros países que había recorrido; para despedirse,
este hombre contaba pequeñas historias con moraleja que todos escuchaban
atentos. Un día después de contar muchas historias sobre oriente y luego de
tener entusiasmados a una gran cantidad de muchachos les dijo que les iba a
enseñar artes marciales y todos muy contentos aceptaron la invitación y el
hombre les dijo nuevamente que había que hacerlo a la manera oriental, esto es,
que debían comprar uniformes, armas, sacos de golpeo y adecuar un lugar y que
para ello necesitaban dinero; para lo cual impuso una cuota que la gran mayoría
pagó. Cuando esto hubo sucedido el gran hombre desapareció con el dinero.
EL BLANCO INVISIBLE
En una ciudad del
antiguo oriente, un hombre decidió aprender a tirar en el arco y buscó un
maestro para tal fin, el maestro que encontró lo envió nuevamente a su casa a
que observara la aguja de la máquina de coser de su esposa y que no regresara
hasta tanto no pudiera advertir perfectamente la entrada y salida de ésta. El
hombre obedeció y unos meses más tarde regresó ante él haciendo alarde de sus
logros.
Esta vez el maestro
le envió a que pegara un insecto en el fondo de su habitación y lo observara
hasta que distinguiera todas sus partes desde una distancia pertinente. El
hombre volvió a su casa, atrapó un
insecto lo colocó junto a un vidrio y se acostó en su cama a observarlo hasta
que logró distinguir hasta los pelos de las patas del animal y regresó
nuevamente donde su maestro.
-Estoy listo.
Esta vez el maestro
le enseñó los secretos del arco y la
flecha y cuando ya no tuvo más que enseñarle le dijo:
-Ya eres un
maestro, puedes dar por terminada tu enseñanza.
El hombre le
agradeció y se marchó.
Poco tiempo después
en el pueblo se escuchaba que él era el mejor arquero del mundo, cosa que lo
llenaba de orgullo, hasta que en una oportunidad escuchó que el mejor arquero
debía ser quien le había enseñado a él. Cegado por la ira partió en busca de su
maestro y al encontrarlo tomó una saeta y se la disparó, saeta que su maestro
logro tirar al suelo con una disparada por él, así continuó un formidable
combate donde las flechas disparadas por
uno eran partidas en el aire por las flechas disparadas por el otro. Por
fin las saetas se acabaron y el maestro pudo preguntar:
-¿Qué es lo que
pasa?
-Pasa que yo quiero
ser el mejor arquero y sus conocimientos me opacan, por eso debo matarlo.
-Espera, le dijo el
maestro pensando que el hombre que tenía ante sí era demasiado peligroso. Yo te
he enseñado todo lo que sé, pero hay alguien que puede continuar tu enseñanza,
si te calmas te enviaré a él.
El hombre compuso
su cara colérica e hizo caso a su maestro y éste lo envió a una elevada montaña
donde un hombre viejo y de aspecto sereno vivía ensimismado observando la
naturaleza; llegado a los pies mismos del anciano le dijo:
-Me han dicho que tú
eres el mejor maestro de arco y flecha y quiero que me lo demuestres.
El maestro lo
observó impasivo y haciendo el ademán de cargar una flecha invisible y
dispararla; apuntó a un ave que volaba cerca, lo curioso es que sus manos
estaban vacías pero aún así el ave calló fulminada.
No puedo creerlo
–exclamo el recién llegado– pero si no tienes armas; enséñame por favor, quiero
ser tu alumno.
-Lo primero que
tienes que hacer, si quieres ser mi alumno y convertirte en un buen maestro de
arco y flecha es olvidar el arco y la flecha.
Así lo hizo y se
quedó muchos años al lado del nuevo maestro. Habiendo acabado su entrenamiento,
un día que había vuelto a su hogar y que se dirigía hacia el mercado, alguien se acercó y le
dijo:
-¿Es verdad que tú
eres el mejor maestro de arco y flecha?
-¿Arco? ¿flecha?
–contestó- ¿Qué es eso?
EL SABIO
Un alumno luego de
haber observado como su maestro respondía a todas las preguntas con un
silencio. Se acercó y le preguntó:
-¿Maestro por que a
todo respondes con un silencio?
El maestro se quedó
mirándolo en silencio, y de pronto se le iluminaron los ojos al alumno y se
levantó feliz diciendo para sí:
-El maestro siempre
tiene respuestas para todo.
lunes, 28 de octubre de 2013
LA RAZON
Dos ermitaños
llevaban una vida pacífica lejos del mundanal ruido, y luego de pasar mucho
tiempo juntos decidieron tomar rumbos diferentes, su única posesión era un
jarrón y el más viejo de los dos decidió que lo partieran antes de separarse y tuvieron el siguiente diálogo:
-Partido no
significa nada y de nada serviría, así que, en señal de nuestra amistad y de lo
mucho que hemos vivido juntos, te regalo mi parte.
-No quiero tú parte
porque no quiero limosnas, sólo pido lo mío así que partámoslo.
- Pero hombre como
te digo, partido no sirve de nada, si no deseas que te regale mi parte entonces
echémoslo a la suerte y quien gane se lo lleva.
-No mi parte es mía
y no tengo por que echarla al azar, partámoslo.
-Dejémoslo aquí en esta casa como decoración.
-No. Es mi mitad de jarrón no se lo dejo a nadie.
-Donémoslo a una institución de caridad.
-Ya dije que mi parte no se la dejo a nadie
-No. Es mi mitad de jarrón no se lo dejo a nadie.
-Donémoslo a una institución de caridad.
-Ya dije que mi parte no se la dejo a nadie
-Esta bien, -dijo el otro viendo que la única salida posible era partirlo- si
tanto insistes, partámoslo.
A lo que el viejo
contesto:
-Ah cobarde,
aceptas, o sea que no deseas pelear.
**Atribuido a Khalil Gibran.
miércoles, 23 de octubre de 2013
CERTEZA
Los maestros
conservan consigo un bastón con el cual corrigen a quien comete algún error.
En una oportunidad
un alumno reciente se acercó a su maestro:
-Maestro puedo
hacerle una pregunta.
El maestro se quedó
mirándolo largo rato antes de responderle pasivamente:
-Si, puedes
hacerlo.
El alumno puso cara
de sorprendido y dijo:
-Maestro se me
olvidó la pregunta.
Roshi levanto el
bastón y lo descargó duramente contra la cabeza del muchacho, que mientras se
sobaba la cabeza con ambas manos decía:
-Ya me acordé
maestro; ¿para qué usa usted ese palito?.
domingo, 20 de octubre de 2013
PUERTA BATIENTE
En los tiempos
antiguos se solía visitar a los maestros, ya que estos con su sabiduría daban
consuelo y guiaban a muchos hombres. En una ocasión un hombre se acercó a un templo y pidió ver al maestro más sabio. Cuando estuvo ante él le dijo:
-Maestro estoy
cargado de preguntas y necesito que me ayude a responderlas.
-Yo sé donde están
las respuestas a todas tus preguntas, -respondió el maestro.
-Sabía yo que me
ayudarías, no en vano eres el maestro más sabio.
El anciano maestro
llevó al incauto hasta un jardín en el cual se alcanzaba a ver una pequeña
habitación cuya única entrada era una maciza puerta roja. Colocó la mano sobre
el hombro del interesado y le señaló la entrada:
-Detrás de esa
puerta están todas las respuestas que tú
quieres.
El hombre apuró el paso, halo de una manija
en la puerta y entró, cerrando tras de sí.
-Maestro aquí
adentro no están más que mis preguntas y yo.
A lo que el anciano
respondió:
-¿Y quién te dijo
que estabas detrás de la puerta?
sábado, 12 de octubre de 2013
LA DIFERENCIA.
Caminaba un alumno
y su maestro descuidadamente por el campo cuando de pronto salieron unos
pájaros de la espesura que asustaron a ambos.
Dijo entonces el
alumno:
-Que tontas
perdices, pegarnos un susto.
El maestro nada
dijo ante la aseveración de su alumno, pero tomó su bastón y lo descargo
fuertemente contra las espinillas de su discípulo mientras le murmuraba:
-Vuela!!! Vuela!!!
Vuela!!!
**La Biblia de Giri
jueves, 10 de octubre de 2013
SOBRE LOS HOMBROS
Un maestro deambulaba con su discípulo por caminos escabrosos; a punto de pasar un río, una mujer en su orilla, dejó bien claro que le era imposible atravesar la corriente por sus propios medios. El maestro miró al alumno, esperó un rato y luego montó la mujer sobre sus hombros y la cargó hasta el otro lado.
Luego de pasar el torrente siguieron caminando muy silenciosos hasta que el alumno dijo visiblemente turbado:
-Maestro, no estoy de acuerdo en que un hombre puro haya subido una mujer sobre sus hombros, ni aún cuando esto representara un bien para la mujer.
El maestro lo miró por un período regularmente largo de tiempo y luego le replicó:
-Yo tomé la mujer al otro lado del río, la pasé en mis hombros, el que la lleva en ellos todavía, eres tú.
**Yo no sé donde lo oí; tal vez en el texto de Douglas Hofstadter en su magna obra:Gödel, Escher y Bach. De lo que si estoy seguro es que fue el primero que conté para incordiar a unos petulantes que no me querían dejar dar clase porque ellos llevaban una mujer sobre sus hombros.
Luego de pasar el torrente siguieron caminando muy silenciosos hasta que el alumno dijo visiblemente turbado:
-Maestro, no estoy de acuerdo en que un hombre puro haya subido una mujer sobre sus hombros, ni aún cuando esto representara un bien para la mujer.
El maestro lo miró por un período regularmente largo de tiempo y luego le replicó:
-Yo tomé la mujer al otro lado del río, la pasé en mis hombros, el que la lleva en ellos todavía, eres tú.
**Yo no sé donde lo oí; tal vez en el texto de Douglas Hofstadter en su magna obra:Gödel, Escher y Bach. De lo que si estoy seguro es que fue el primero que conté para incordiar a unos petulantes que no me querían dejar dar clase porque ellos llevaban una mujer sobre sus hombros.
sábado, 5 de octubre de 2013
MAESTRO
Cuenta la leyenda que Token, un hombre al servicio de un poderoso samurai, se enamoró de la mujer de otro samurai, y sin remordimientos, se volvieron amantes. En un lapso de tiempo muy corto fue descubierto su romance y el esposo de Tsuru le retó en duelo. La fogosidad de Token dió al traste con la vida de su oponente y deshonrando la casa samurai en la que servía, huyó con Tsuru a las montañas; poco duró la dicha de la pareja pues Tsuru notó que estaba embarazada de su anterior marido y decidió abandonar a Token y volver desdichada a su aldea y criar al hijo que se gestaba en su vientre. Token vagó un tiempo y luego de meditar su historia concluyó que había cometido una profanación, contra su casa, contra su amigo samurai y contra la misma mujer con la que había andado; decidido a purgar su culpa acometió la tarea de realizar un túnel a través de un paso de montaña muy agudo, que había dejado ya muchos muertos.
En esa tarea pasaron 28 años, diariamente el samurai tomaba sus instrumentos y cavaba duro en la roca y en la piedra y ya casi veía su tarea terminada. Un día se apareció en el túnel un samurai joven y le comunicó sobre la misión que llevaba:
-Soy Akihiro, hijo de Tatsu y vengo a cobrar venganza porque tu asesinaste a mi padre
Token vio la decisión del guerrero en los ojos y recordó todo su pasado, pero suplico que lo dejara terminar su tarea para purgar su alma y que luego podrían tener el duelo que el joven deseaba.
El samurai aceptó a disgusto y se sentó a observar como Token continuaba labrando la piedra y sacando tierra y rocas; todos los días Token se levantaba antes del alba y Akihiro lo seguía con mirada atenta e impasiva; Token tomaba un descanso ya entrada la noche y continuaba de nuevo al amanecer del nuevo día; así pasaron muchos días hasta que la impaciencia de Akihiro lo llevó a colaborar en la excavación del túnel para poder dar pronto final a su venganza. Trabajaron dos largos años con ahínco para terminar aquel túnel, de la mañana a la noche, hasta que por fin vieron la luz al otro lado del mismo, luego de un largo día de trabajo. El viejo samurai Token al ver su promesa cumplida se arrojó al suelo en posición de atención y bajó la cabeza a Akihiro.
-Te ofrezco mi cabeza como te lo había prometido, ¡cumple tu misión!
Akihiro cayó al suelo y también agachó la cabeza y lloró de emoción mientras decía:
-¿Cómo puedo matar a mi maestro?
**Estoy casi seguro que una versión completa, se encuentra en "Los samurais" de Jean Mabire.
miércoles, 2 de octubre de 2013
ABSORCIÓN
El maestro nunca acosaba a los alumnos para que aprendieran demasiado rápido o demasiado lento, cada cual llevaba su ritmo; aún así, había un alumno de la corte de Chen que parecía llevar prisa y le decía continuamente: "enséñame más maestro, enséñame más; soy una máquina de absorber conocimientos" el maestro le respondía: "esa frase es mía" y el alumno contestaba: "Es que ya fuiste absorbido maestro"
**Arreglo de una serie televisiva en voz de Grissom
lunes, 30 de septiembre de 2013
LA VERDAD
Un discípulo
consternado por el arduo entrenamiento y la férrea disciplina a la que eran
sometidos todos los miembros de la comunidad, se acercó a su maestro y le
preguntó:
-Maestro, ¿Cuál es
el motivo de tan arduo entrenamiento?
-Si te refieres a
los ejercicios tendré que decirte, que son la única forma de hallar el camino.
-Maestro, ¿Y para
qué sirve el camino?
-El camino amigo,
sirve para hallar la verdad.
-Maestro, ¿Y cuánto
tiempo tendré que entrenar para hallar el camino?
-No hay tal camino.
-Maestro, y si no
hay camino, ¿Cómo hallaremos la verdad?
-No hay tal verdad.
**De mi Biblia de Giri
**De mi Biblia de Giri
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