En cierta ocasión
llegó un hombre a un poblado en América, tanto su cara como su cuerpo y sus
movimientos irradiaban serenidad y seguridad, la gente armaba grupos a su alrededor
para escucharle hablar de otros países que había recorrido; para despedirse,
este hombre contaba pequeñas historias con moraleja que todos escuchaban
atentos. Un día después de contar muchas historias sobre oriente y luego de
tener entusiasmados a una gran cantidad de muchachos les dijo que les iba a
enseñar artes marciales y todos muy contentos aceptaron la invitación y el
hombre les dijo nuevamente que había que hacerlo a la manera oriental, esto es,
que debían comprar uniformes, armas, sacos de golpeo y adecuar un lugar y que
para ello necesitaban dinero; para lo cual impuso una cuota que la gran mayoría
pagó. Cuando esto hubo sucedido el gran hombre desapareció con el dinero.
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