martes, 29 de octubre de 2013

EQUILIBRIO


Alumno y maestro caminaban hacía una villa cuando observaron una gran cantidad de gente reunida alrededor de un anciano; ambos se acercaron para escuchar lo que éste decía.

-El universo está en equilibrio tal como el tao, todo posee un yan y un yin, todo lo bueno tiene algo de malo y todo lo malo tiene algo de bueno, todo es complementario; pero las fuerzas totales en el universo están en verdad en equilibrio, en perfecta armonía.

Luego de escuchar todo esto y algo más, el alumno trató de buscar un gesto de aprobación en su maestro, pero al no encontrarlo se dirigió a él para preguntarle:

-¿Maestro, es todo eso que dice el anciano, cierto?

-Mira a tú alrededor –dijo el maestro, señalando a la gente con las manos- utiliza tus sentidos, verifica por ti mismo antes de elaborar un juicio sobre lo oído; Las verdades pueden ser adecuadas y aún parecer falsas; Los sentidos pueden engañarte, así que no olvides tú instinto. Mira esos borrachos en aquella choza; escucha el jadear de las prostitutas y de sus amantes; siente las costosas pieles que envuelven a esa cortesana; aspira el olor de las exquisitas viandas que viene desde el mercado; Observa como el tigre devora al cervatillo. ¿Crees aún en el equilibrio?
De ninguna manera podemos violentar las leyes que rigen el universo vivo. Estar en equilibrio, significa estar en calma, en plena quietud y al mismo tiempo significa estar muerto, nada sucede en el equilibrio, si estás en equilibrio, estás muerto.

LO QUE SE MERECEN


Un alumno se allegó a su maestro y le preguntó:

-¿Maestro, es verdad que a cada uno hay que darle lo que se merece?

-Excelente es tú cuestionamiento, pero, ¿Por qué no lo averiguas tú mismo? Ve y pregúntale a ese pordiosero y luego a aquel mercader, que se encuentra allá.

El pequeño rapaz se acercó al pordiosero, quien después de meditar unos instantes sobre la pregunta la resolvió afirmativamente. Luego se acercó al mercader y le hizo la misma pregunta y éste inmediatamente respondió: “sí, a cada uno hay que darle lo que se merece.”

Hecho esto el joven volvió a su maestro con la cara radiante y con registro de satisfacción:

-Si maestro, cada uno debe tener lo que se merece, pero tengo otra duda, ¿Qué es lo que cada uno se merece?

-Ve y pregunta -volvió a decir el maestro-

El alumno volvió donde se encontraban sus entrevistados y le preguntó a cada uno por separado:

-¿Qué es lo que usted se merece? –preguntó primero al pordiosero-

-Haber; siempre he sido pobre y bueno, si algo merezco yo es lo mejor: vida eterna, amor, mujeres, bienes materiales.

-¿Y qué se merece aquel vendedor?

-¿Ese? Ese es un avaro, vive sólo para el trabajo y no da limosnas, se merece la muerte, el cadalso, el infierno. –Imprecó-

Luego de escuchar esto, el joven se dirigió a interrogar al vendedor.

-Amigo, ¿qué es lo que usted se merece?

-Pues yo -respondió el vendedor- he sido bueno, honesto, trabajador y merezco ser recompensado por ello, con dinero, amor, mujeres, bienes materiales, vida eterna.

-Y ¿aquel mendigo qué se merece?

-Ese es un vago, vive sólo para mendigar y nunca trabaja aunque pueda, se merece la muerte, el cadalso, el infierno.

Hechas estas averiguaciones el discípulo regresó al maestro y las contó tal y como habían ocurrido y además, lo perplejo que había quedado con las respuestas de aquellos hombres y, por último, le pidió el favor que le explicara lo que había pasado; el maestro respondió:

-Eso que acabas de escuchar significa que cada uno de nosotros es el mejor juez para consigo mismo y el peor verdugo para con los demás y, que si a cada uno de nosotros nos dieran lo que nos merecemos, ninguno escaparía de una soberana paliza.

LA INVESTIGACIÓN


Todos los días cruzaban personas por un sendero que llevaba a una villa y una anciana que se apertrechaba a la orilla del camino, era la encargada de dar la última guía:

-Si claro, si desea llegar a ese  sitio, tome por este camino y pronto lo encontrará.

Un día que paseaba un joven estudiante de zen, la mujer aparte de dar la guía, también observó, casi para sus adentros pero en un tono un poco más fuerte que su conciencia y que el joven alcanzó a escuchar:

-Ahí va uno más.

El estudiante quedó perplejo y preguntó a sus compañeros, a los que también les había ocurrido lo mismo, qué quería decir la anciana con dicha afirmación. Como nadie descifró el mensaje, acudieron al maestro que al escuchar la historia les dijo: “Iré a investigar.” Regresó al camino por una vía alterna, pasó cerca de la anciana y le preguntó:

-¿Cómo llego a la villa de los zendos?

-Si desea llegar allá, tome este camino y pronto lo encontrará –respondió ella-

y, en voz baja, casi imperceptible dijo también:

-Ahí va uno más.

El maestro regreso al lado de sus alumnos y los reunió para decirles:

-He investigado a esa mujer.

EL MAESTRO


Para llevar mensajes entre monasterios se empleaba a los alumnos, quienes hacían largos viajes para cumplir con este acto. En un viaje de aquellos, un alumno llevaba un mensaje a otro templo y debía atravesar determinado puente, en el puente se hallaba un samurai a quien había sido impuesta la siguiente tarea: debía matar con su espada a las primeras ciento cincuenta personas que atravesaran por aquel puente, cuando el joven llegó, este le dijo:

-Debo matarte pues tengo una tarea impuesta por mi maestro, matar a ciento cincuenta personas que pasen por este puente y tú eres el último.

-¿Pero como? Yo también tengo una misión que es llevar estos documentos al monasterio de la villa.

-Lo siento, debo cumplir, y levantó la espada.

-Espera -lo detuvo el joven- ya que debes matarme, déjame cumplir mi tarea y te prometo que volveré y así, podrás matarme y cumplir tú también.

-Prometes que volverás, dijo el samurai

-Si te lo prometo

-Ve pues, que aquí te espero.

El alumno llevó el mensaje y le relató lo ocurrido al maestro que le recibió, diciéndole también que aunque debía cumplir no quería morir.
Entonces el maestro le dijo que cuando llegara al puente nuevamente, sacara una espada que él le conseguiría previamente, la levantara en posición de ataque y cerrara los ojos diciendo: “estoy listo para morir.”
El joven tomó la espada que el maestro le consiguió, y empezó a deshacer camino, por fin avisto el puente y se acercó impaciente y allí estaba el samurai quien le dijo:

-haz cumplido tu promesa, muy bien, ¡defiéndete!

El joven hizo caso a su maestro, sacó la espada, la levantó y cerrando los ojos advirtió:

-“¡¡¡Estoy listo para morir!!!”

El samurai abrió los ojos espantado y pensó para sus adentros:

-¿Cómo puede ser posible? Este debe ser un gran maestro, está dispuesto a  morir y aún en posición de ataque cierra los ojos, si me muevo me mata.
Y prefirió huir.

SÍ MISMO


Pregunta Watsu al maestro Didar:

-¿Puede uno cansarse de ser uno mismo?

-Sí; si el uno mismo tiene como particularidad cansarse de si mismo.

LA DUDA


En cierta ocasión llegó un hombre a un poblado en América, tanto su cara como su cuerpo y sus movimientos irradiaban serenidad y seguridad, la gente armaba grupos a su alrededor para escucharle hablar de otros países que había recorrido; para despedirse, este hombre contaba pequeñas historias con moraleja que todos escuchaban atentos. Un día después de contar muchas historias sobre oriente y luego de tener entusiasmados a una gran cantidad de muchachos les dijo que les iba a enseñar artes marciales y todos muy contentos aceptaron la invitación y el hombre les dijo nuevamente que había que hacerlo a la manera oriental, esto es, que debían comprar uniformes, armas, sacos de golpeo y adecuar un lugar y que para ello necesitaban dinero; para lo cual impuso una cuota que la gran mayoría pagó. Cuando esto hubo sucedido el gran hombre desapareció con el dinero.

EL BLANCO INVISIBLE


En una ciudad del antiguo oriente, un hombre decidió aprender a tirar en el arco y buscó un maestro para tal fin, el maestro que encontró lo envió nuevamente a su casa a que observara la aguja de la máquina de coser de su esposa y que no regresara hasta tanto no pudiera advertir perfectamente la entrada y salida de ésta. El hombre obedeció y unos meses más tarde regresó ante él haciendo alarde de sus logros.
Esta vez el maestro le envió a que pegara un insecto en el fondo de su habitación y lo observara hasta que distinguiera todas sus partes desde una distancia pertinente. El hombre volvió  a su casa, atrapó un insecto lo colocó junto a un vidrio y se acostó en su cama a observarlo hasta que logró distinguir hasta los pelos de las patas del animal y regresó nuevamente donde su maestro.

-Estoy listo.

Esta vez el maestro le enseñó los secretos del arco y  la flecha y cuando ya no tuvo más que enseñarle le dijo:

-Ya eres un maestro, puedes dar por terminada tu enseñanza.

El hombre le agradeció y se marchó.

Poco tiempo después en el pueblo se escuchaba que él era el mejor arquero del mundo, cosa que lo llenaba de orgullo, hasta que en una oportunidad escuchó que el mejor arquero debía ser quien le había enseñado a él. Cegado por la ira partió en busca de su maestro y al encontrarlo tomó una saeta y se la disparó, saeta que su maestro logro tirar al suelo con una disparada por él, así continuó un formidable combate donde las flechas disparadas por  uno eran partidas en el aire por las flechas disparadas por el otro. Por fin las saetas se acabaron y el maestro pudo preguntar:

-¿Qué es lo que pasa?

-Pasa que yo quiero ser el mejor arquero y sus conocimientos me opacan, por eso debo matarlo.

-Espera, le dijo el maestro pensando que el hombre que tenía ante sí era demasiado peligroso. Yo te he enseñado todo lo que sé, pero hay alguien que puede continuar tu enseñanza, si te calmas te enviaré a él.

El hombre compuso su cara colérica e hizo caso a su maestro y éste lo envió a una elevada montaña donde un hombre viejo y de aspecto sereno vivía ensimismado observando la naturaleza; llegado a los pies mismos del anciano le dijo:

-Me han dicho que tú eres el mejor maestro de arco y flecha y quiero que me lo demuestres.

El maestro lo observó impasivo y haciendo el ademán de cargar una flecha invisible y dispararla; apuntó a un ave que volaba cerca, lo curioso es que sus manos estaban vacías pero aún así el ave calló fulminada.

No puedo creerlo –exclamo el recién llegado– pero si no tienes armas; enséñame por favor, quiero ser tu alumno.

-Lo primero que tienes que hacer, si quieres ser mi alumno y convertirte en un buen maestro de arco y flecha es olvidar el arco y la flecha.

Así lo hizo y se quedó muchos años al lado del nuevo maestro. Habiendo acabado su entrenamiento, un día que había vuelto a su hogar y que se dirigía  hacia el mercado, alguien se acercó y le dijo:

-¿Es verdad que tú eres el mejor maestro de arco y flecha?
-¿Arco? ¿flecha? –contestó- ¿Qué es eso?

EL SABIO


Un alumno luego de haber observado como su maestro respondía a todas las preguntas con un silencio. Se acercó y le preguntó:

-¿Maestro por que a todo respondes con un silencio?

El maestro se quedó mirándolo en silencio, y de pronto se le iluminaron los ojos al alumno y se levantó feliz diciendo para sí:

-El maestro siempre tiene respuestas para todo.

lunes, 28 de octubre de 2013

LA RAZON




Dos ermitaños llevaban una vida pacífica lejos del mundanal ruido, y luego de pasar mucho tiempo juntos decidieron tomar rumbos diferentes, su única posesión era un jarrón y el más viejo de los dos decidió que lo partieran antes de separarse y tuvieron el siguiente diálogo:

-Partido no significa nada y de nada serviría, así que, en señal de nuestra amistad y de lo mucho que hemos vivido juntos, te regalo mi parte.

-No quiero tú parte porque no quiero limosnas, sólo pido lo mío así que partámoslo. 

- Pero hombre como te digo, partido no sirve de nada, si no deseas que te regale mi parte entonces echémoslo a la suerte y quien gane se lo lleva.

-No mi parte es mía y no tengo por que echarla al azar, partámoslo.

-Dejémoslo aquí en esta casa como decoración.

-No. Es mi mitad de jarrón no se lo dejo a nadie.

-Donémoslo a una institución de caridad.

-Ya dije que mi parte no se la dejo a nadie

-Esta bien, -dijo el otro viendo que la única salida posible era partirlo- si tanto insistes, partámoslo.

A lo que el viejo contesto:

-Ah cobarde, aceptas, o sea que no deseas pelear.



**Atribuido a Khalil Gibran.

miércoles, 23 de octubre de 2013

CERTEZA





Los maestros conservan consigo un bastón con el cual corrigen a quien comete algún error.
En una oportunidad un alumno reciente se acercó a su maestro:

-Maestro puedo hacerle una pregunta.

El maestro se quedó mirándolo largo rato antes de responderle pasivamente:

-Si, puedes hacerlo.

El alumno puso cara de sorprendido y dijo:

-Maestro se me olvidó la pregunta.

Roshi levanto el bastón y lo descargó duramente contra la cabeza del muchacho, que mientras se sobaba la cabeza con ambas manos decía:
-Ya me acordé maestro; ¿para qué usa usted ese palito?.

domingo, 20 de octubre de 2013

PUERTA BATIENTE

En los tiempos antiguos se solía visitar a los maestros, ya que estos con su sabiduría daban consuelo y guiaban a muchos hombres. En una ocasión un hombre se acercó  a un templo y pidió ver al maestro más sabio. Cuando estuvo ante él le dijo:

-Maestro estoy cargado de preguntas y necesito que me ayude a responderlas.

-Yo sé donde están las respuestas a todas tus preguntas, -respondió el maestro.

-Sabía yo que me ayudarías, no en vano eres el maestro más sabio.

El anciano maestro llevó al incauto hasta un jardín en el cual se alcanzaba a ver una pequeña habitación cuya única entrada era una maciza puerta roja. Colocó la mano sobre el hombro del interesado y le señaló la entrada:

-Detrás de esa puerta están todas las respuestas que tú  quieres.

El hombre apuró el paso, halo de una manija en la puerta y entró, cerrando tras de sí.

-Maestro aquí adentro no están más que mis preguntas y yo.

A lo que el anciano respondió:

-¿Y quién te dijo que estabas detrás de la puerta?

sábado, 12 de octubre de 2013

LA DIFERENCIA.




Caminaba un alumno y su maestro descuidadamente por el campo cuando de pronto salieron unos pájaros de la espesura que asustaron a ambos.
Dijo entonces el alumno:

-Que tontas perdices, pegarnos un susto.

El maestro nada dijo ante la aseveración de su alumno, pero tomó su bastón y lo descargo fuertemente contra las espinillas de su discípulo mientras le murmuraba:

-Vuela!!! Vuela!!! Vuela!!!

**La Biblia de Giri

jueves, 10 de octubre de 2013

SOBRE LOS HOMBROS

Un maestro deambulaba con su discípulo por caminos escabrosos; a punto de pasar un río, una mujer en su orilla, dejó bien claro que le era imposible atravesar la corriente por sus propios medios. El maestro miró al alumno, esperó un rato y luego montó la mujer sobre sus hombros y la cargó hasta el otro lado.
Luego de pasar el torrente siguieron caminando muy silenciosos hasta que el alumno dijo visiblemente turbado:
-Maestro, no estoy de acuerdo en que un hombre puro haya subido una mujer sobre sus hombros, ni aún cuando esto representara un bien para la mujer.
El maestro lo miró por un período regularmente largo de tiempo y luego le replicó:
-Yo tomé la mujer al otro lado del río, la pasé en mis hombros, el que la lleva en ellos todavía, eres tú.

**Yo no sé donde lo oí; tal vez en el texto de Douglas Hofstadter en su magna obra:Gödel, Escher y Bach. De lo que si estoy seguro es que fue el primero que conté para incordiar a unos petulantes que no me querían dejar dar clase porque ellos llevaban una mujer sobre sus hombros.

sábado, 5 de octubre de 2013

MAESTRO

Cuenta la leyenda que Token, un hombre al servicio de un poderoso samurai, se enamoró de la mujer de otro samurai, y sin remordimientos, se volvieron amantes. En un lapso de tiempo muy corto fue descubierto su romance y el esposo de Tsuru le retó en duelo. La fogosidad de Token dió al traste con la vida de su oponente y deshonrando la casa samurai en la que servía, huyó con Tsuru a las montañas; poco duró la dicha de la pareja pues Tsuru notó que estaba embarazada de su anterior marido y decidió abandonar a Token y volver desdichada a su aldea y criar al hijo que se gestaba en su vientre. Token vagó un tiempo y luego de meditar su historia concluyó que había cometido una profanación, contra su casa, contra su amigo samurai y contra la misma mujer con la que había andado; decidido a purgar su culpa acometió la tarea de realizar un túnel a través de un paso de montaña muy agudo, que había dejado ya muchos muertos.
En esa tarea pasaron 28 años, diariamente el samurai tomaba sus instrumentos y cavaba duro en la roca y en la piedra y ya casi veía su tarea terminada. Un día se apareció en el túnel un samurai joven y le comunicó sobre la misión que llevaba:
-Soy Akihiro, hijo de Tatsu y vengo a cobrar venganza porque tu asesinaste a mi padre
Token vio la decisión del guerrero en los ojos y recordó todo su pasado, pero suplico que lo dejara terminar su tarea para purgar su alma y que luego podrían tener el duelo que el joven deseaba.
El samurai aceptó a disgusto y se sentó a observar como Token continuaba labrando la piedra y sacando tierra y rocas; todos los días Token se levantaba antes del alba y Akihiro lo seguía con mirada atenta e impasiva; Token tomaba un descanso ya entrada la noche y continuaba de nuevo al amanecer del nuevo día; así pasaron muchos días hasta que la impaciencia de Akihiro lo llevó a colaborar en la excavación del túnel para poder dar pronto final a su venganza. Trabajaron dos largos años con ahínco para terminar aquel túnel, de la mañana a la noche, hasta que por fin vieron la luz al otro lado del mismo, luego de un largo día de trabajo. El viejo samurai Token al ver su promesa cumplida se arrojó al suelo en posición de atención y bajó la cabeza a Akihiro.
-Te ofrezco mi cabeza como te lo había prometido, ¡cumple tu misión!
Akihiro cayó al suelo y también agachó la cabeza y lloró de emoción mientras decía:
-¿Cómo puedo matar a mi maestro?


**Estoy casi seguro que una versión completa, se encuentra en "Los samurais" de Jean Mabire.

miércoles, 2 de octubre de 2013

ABSORCIÓN

El maestro nunca acosaba a los alumnos para que aprendieran demasiado rápido o demasiado lento, cada cual llevaba su ritmo; aún así, había un alumno de la corte de Chen que parecía llevar prisa y le decía continuamente: "enséñame más maestro, enséñame más; soy una máquina de absorber conocimientos" el maestro le respondía: "esa frase es mía" y el alumno contestaba: "Es que ya fuiste absorbido maestro"

**Arreglo de una serie televisiva en voz de Grissom