Un maestro deambulaba con su discípulo por caminos escabrosos; a punto de pasar un río, una mujer en su orilla, dejó bien claro que le era imposible atravesar la corriente por sus propios medios. El maestro miró al alumno, esperó un rato y luego montó la mujer sobre sus hombros y la cargó hasta el otro lado.
Luego de pasar el torrente siguieron caminando muy silenciosos hasta que el alumno dijo visiblemente turbado:
-Maestro, no estoy de acuerdo en que un hombre puro haya subido una mujer sobre sus hombros, ni aún cuando esto representara un bien para la mujer.
El maestro lo miró por un período regularmente largo de tiempo y luego le replicó:
-Yo tomé la mujer al otro lado del río, la pasé en mis hombros, el que la lleva en ellos todavía, eres tú.
**Yo no sé donde lo oí; tal vez en el texto de Douglas Hofstadter en su magna obra:Gödel, Escher y Bach. De lo que si estoy seguro es que fue el primero que conté para incordiar a unos petulantes que no me querían dejar dar clase porque ellos llevaban una mujer sobre sus hombros.
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