Dos ermitaños
llevaban una vida pacífica lejos del mundanal ruido, y luego de pasar mucho
tiempo juntos decidieron tomar rumbos diferentes, su única posesión era un
jarrón y el más viejo de los dos decidió que lo partieran antes de separarse y tuvieron el siguiente diálogo:
-Partido no
significa nada y de nada serviría, así que, en señal de nuestra amistad y de lo
mucho que hemos vivido juntos, te regalo mi parte.
-No quiero tú parte
porque no quiero limosnas, sólo pido lo mío así que partámoslo.
- Pero hombre como
te digo, partido no sirve de nada, si no deseas que te regale mi parte entonces
echémoslo a la suerte y quien gane se lo lleva.
-No mi parte es mía
y no tengo por que echarla al azar, partámoslo.
-Dejémoslo aquí en esta casa como decoración.
-No. Es mi mitad de jarrón no se lo dejo a nadie.
-Donémoslo a una institución de caridad.
-Ya dije que mi parte no se la dejo a nadie
-No. Es mi mitad de jarrón no se lo dejo a nadie.
-Donémoslo a una institución de caridad.
-Ya dije que mi parte no se la dejo a nadie
-Esta bien, -dijo el otro viendo que la única salida posible era partirlo- si
tanto insistes, partámoslo.
A lo que el viejo
contesto:
-Ah cobarde,
aceptas, o sea que no deseas pelear.
**Atribuido a Khalil Gibran.
No hay comentarios:
Publicar un comentario