En los tiempos
antiguos se solía visitar a los maestros, ya que estos con su sabiduría daban
consuelo y guiaban a muchos hombres. En una ocasión un hombre se acercó a un templo y pidió ver al maestro más sabio. Cuando estuvo ante él le dijo:
-Maestro estoy
cargado de preguntas y necesito que me ayude a responderlas.
-Yo sé donde están
las respuestas a todas tus preguntas, -respondió el maestro.
-Sabía yo que me
ayudarías, no en vano eres el maestro más sabio.
El anciano maestro
llevó al incauto hasta un jardín en el cual se alcanzaba a ver una pequeña
habitación cuya única entrada era una maciza puerta roja. Colocó la mano sobre
el hombro del interesado y le señaló la entrada:
-Detrás de esa
puerta están todas las respuestas que tú
quieres.
El hombre apuró el paso, halo de una manija
en la puerta y entró, cerrando tras de sí.
-Maestro aquí
adentro no están más que mis preguntas y yo.
A lo que el anciano
respondió:
-¿Y quién te dijo
que estabas detrás de la puerta?
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