Un cazador se encontró un día de frente con
el satori, (iluminación) y en vano trató de atraparlo de todas las formas
posibles, le colocó trampas y éste jamás cayó, le practicó emboscadas y siempre
escapaba ante sus ojos, hasta que un día se harto de eso y olvidó al formidable animal dirigiéndose al
bosque para cortar un árbol y convertirlo en leña; en esta tarea despreocupada
halló la comba del palo y luego de propinarle varios hachazos el frondoso roble
rodaba al suelo. Con sorpresa observó el leñador que el árbol al caer había
aplastado al satori que se hallaba despreocupado a su lado y al cual ya no le
prestaba importancia pues al saber, que era imposible atraparlo, decidió olvidarlo
y dejarlo vivir a su lado sin que éste le afectase.
martes, 27 de diciembre de 2016
miércoles, 7 de diciembre de 2016
UN CUANTO
-Maestro tengo una duda con la caja negra de
aquella vez.
-Si, ¿dime que te intriga?
-Yo
estaba seguro que en ella había un jarrón chino y era lo más probable, pero
usted aseguró que se trataba de un perro negro gigante de cuatro cabezas.
¿Bastará entonces abrir la caja y comprobar la verdad o la mentira?
-Eso no es del todo cierto, si abres la caja
y efectivamente encuentras un jarrón, el gran perro negro de cuatro cabezas se
hará parte de la caja.
-Abierta la caja confiaré en mis sentidos.
-Tus sentidos son imperfectos, abierta la
caja alteras su contenido.
-Entonces dejaré la caja cerrada e imaginaré
lo que en ella existe.
-Ahí caes en otro error, si nadie abre la
caja, nadie sabrá a ciencia cierta que contiene y entonces el problema de que
es lo que hay en ella no tiene sentido pues sin observadores el mundo es un
conjunto de posibilidades.
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