Todos los días
cruzaban personas por un sendero que llevaba a una villa y una anciana que se
apertrechaba a la orilla del camino, era la encargada de dar la última guía:
-Si claro, si desea
llegar a ese sitio, tome por este camino
y pronto lo encontrará.
Un día que paseaba
un joven estudiante de zen, la mujer aparte de dar la guía, también observó,
casi para sus adentros pero en un tono un poco más fuerte que su conciencia y
que el joven alcanzó a escuchar:
-Ahí va uno más.
El estudiante quedó
perplejo y preguntó a sus compañeros, a los que también les había ocurrido lo
mismo, qué quería decir la anciana con dicha afirmación. Como nadie descifró el
mensaje, acudieron al maestro que al escuchar la historia les dijo: “Iré a
investigar.” Regresó al camino por una vía alterna, pasó cerca de la anciana y
le preguntó:
-¿Cómo llego a la
villa de los zendos?
-Si desea llegar
allá, tome este camino y pronto lo encontrará –respondió ella-
y, en voz baja,
casi imperceptible dijo también:
-Ahí va uno más.
El maestro regreso
al lado de sus alumnos y los reunió para decirles:
-He investigado a
esa mujer.
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