martes, 29 de octubre de 2013

EL MAESTRO


Para llevar mensajes entre monasterios se empleaba a los alumnos, quienes hacían largos viajes para cumplir con este acto. En un viaje de aquellos, un alumno llevaba un mensaje a otro templo y debía atravesar determinado puente, en el puente se hallaba un samurai a quien había sido impuesta la siguiente tarea: debía matar con su espada a las primeras ciento cincuenta personas que atravesaran por aquel puente, cuando el joven llegó, este le dijo:

-Debo matarte pues tengo una tarea impuesta por mi maestro, matar a ciento cincuenta personas que pasen por este puente y tú eres el último.

-¿Pero como? Yo también tengo una misión que es llevar estos documentos al monasterio de la villa.

-Lo siento, debo cumplir, y levantó la espada.

-Espera -lo detuvo el joven- ya que debes matarme, déjame cumplir mi tarea y te prometo que volveré y así, podrás matarme y cumplir tú también.

-Prometes que volverás, dijo el samurai

-Si te lo prometo

-Ve pues, que aquí te espero.

El alumno llevó el mensaje y le relató lo ocurrido al maestro que le recibió, diciéndole también que aunque debía cumplir no quería morir.
Entonces el maestro le dijo que cuando llegara al puente nuevamente, sacara una espada que él le conseguiría previamente, la levantara en posición de ataque y cerrara los ojos diciendo: “estoy listo para morir.”
El joven tomó la espada que el maestro le consiguió, y empezó a deshacer camino, por fin avisto el puente y se acercó impaciente y allí estaba el samurai quien le dijo:

-haz cumplido tu promesa, muy bien, ¡defiéndete!

El joven hizo caso a su maestro, sacó la espada, la levantó y cerrando los ojos advirtió:

-“¡¡¡Estoy listo para morir!!!”

El samurai abrió los ojos espantado y pensó para sus adentros:

-¿Cómo puede ser posible? Este debe ser un gran maestro, está dispuesto a  morir y aún en posición de ataque cierra los ojos, si me muevo me mata.
Y prefirió huir.

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