martes, 29 de octubre de 2013

EL BLANCO INVISIBLE


En una ciudad del antiguo oriente, un hombre decidió aprender a tirar en el arco y buscó un maestro para tal fin, el maestro que encontró lo envió nuevamente a su casa a que observara la aguja de la máquina de coser de su esposa y que no regresara hasta tanto no pudiera advertir perfectamente la entrada y salida de ésta. El hombre obedeció y unos meses más tarde regresó ante él haciendo alarde de sus logros.
Esta vez el maestro le envió a que pegara un insecto en el fondo de su habitación y lo observara hasta que distinguiera todas sus partes desde una distancia pertinente. El hombre volvió  a su casa, atrapó un insecto lo colocó junto a un vidrio y se acostó en su cama a observarlo hasta que logró distinguir hasta los pelos de las patas del animal y regresó nuevamente donde su maestro.

-Estoy listo.

Esta vez el maestro le enseñó los secretos del arco y  la flecha y cuando ya no tuvo más que enseñarle le dijo:

-Ya eres un maestro, puedes dar por terminada tu enseñanza.

El hombre le agradeció y se marchó.

Poco tiempo después en el pueblo se escuchaba que él era el mejor arquero del mundo, cosa que lo llenaba de orgullo, hasta que en una oportunidad escuchó que el mejor arquero debía ser quien le había enseñado a él. Cegado por la ira partió en busca de su maestro y al encontrarlo tomó una saeta y se la disparó, saeta que su maestro logro tirar al suelo con una disparada por él, así continuó un formidable combate donde las flechas disparadas por  uno eran partidas en el aire por las flechas disparadas por el otro. Por fin las saetas se acabaron y el maestro pudo preguntar:

-¿Qué es lo que pasa?

-Pasa que yo quiero ser el mejor arquero y sus conocimientos me opacan, por eso debo matarlo.

-Espera, le dijo el maestro pensando que el hombre que tenía ante sí era demasiado peligroso. Yo te he enseñado todo lo que sé, pero hay alguien que puede continuar tu enseñanza, si te calmas te enviaré a él.

El hombre compuso su cara colérica e hizo caso a su maestro y éste lo envió a una elevada montaña donde un hombre viejo y de aspecto sereno vivía ensimismado observando la naturaleza; llegado a los pies mismos del anciano le dijo:

-Me han dicho que tú eres el mejor maestro de arco y flecha y quiero que me lo demuestres.

El maestro lo observó impasivo y haciendo el ademán de cargar una flecha invisible y dispararla; apuntó a un ave que volaba cerca, lo curioso es que sus manos estaban vacías pero aún así el ave calló fulminada.

No puedo creerlo –exclamo el recién llegado– pero si no tienes armas; enséñame por favor, quiero ser tu alumno.

-Lo primero que tienes que hacer, si quieres ser mi alumno y convertirte en un buen maestro de arco y flecha es olvidar el arco y la flecha.

Así lo hizo y se quedó muchos años al lado del nuevo maestro. Habiendo acabado su entrenamiento, un día que había vuelto a su hogar y que se dirigía  hacia el mercado, alguien se acercó y le dijo:

-¿Es verdad que tú eres el mejor maestro de arco y flecha?
-¿Arco? ¿flecha? –contestó- ¿Qué es eso?

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