En cierta ocasión se enfrentaron dos grandes
maestros samuráis en un duelo, ambos adoptaron una posición de combate en
guardia manteniendo la mirada fija en el contendor y con el dedo pulgar sobre
el suba de la espada, ninguno de los dos cerraba un ojo ni perdía la
concentración; Después de un larguísimo rato se declaró un empate.
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