En cierta ocasión
un maestro le pidió a otro que por favor examinara a sus alumnos para ver si ya
estaban listos, éste accedió y se dirigió a donde se encontraban los alumnos
para poder realizar el examen. Los alumnos meditaban profundamente y el maestro
examinador entró solemnemente, pero no se movieron ni un ápice, seguidamente
les dijo:
-Si dicen alguna
palabra les corto la cabeza y si no dicen nada... les corto la cabeza.
Los alumnos
continuaron inmóviles en su meditación y entonces el examinador salió y dijo a
su igual:
-Ya están listos.
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