Cuentan que el alumno había querido alcanzar el satori por mucho tiempo y no lo encontraba. Reprobado por su maestro espiritual, el alumno se dirigió a una venta callejera de perros y le exigió jactancioso:
- ¡Hazme uno con todo!
**Referido por el maestro Juan Carlos Arango
**Referido por el maestro Juan Carlos Arango
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