En alguna oportunidad se presentó un maestro
a la celda de un alumno que había optado por abandonar el camino; cuando golpeo
a la puerta se escuchó desde adentro:
-¿Quién es?
-Soy yo, dijo el maestro temiendo agregar
algo.
-Lo siento tú y yo no cabemos acá, es mejor
que te marches pues mi puerta no se abrirá.
El maestro no insistió, se marchó y estuvo
pensándolo un rato, y luego de un breve instante regresó y tocó de nuevo a la
puerta del joven y se escuchó desde adentro:
-¿Quién es?
-Soy tú –contestó esta vez el maestro-
Y la puerta se abrió inmediatamente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario