-Maestro estoy muy triste y acongojado, mi
padre ha muerto, que infeliz soy.
-Enaltece vuestros sentimientos –responde el
maestro- el rendir ese fúnebre tributo a vuestro padre; Pero no olvides que
vuestro padre perdió a su padre; que éste perdió también al suyo, y así al
infinito; no debéis ignorar que el superviviente queda comprometido por cierto
término a la obligación filial de consagrarle el correspondiente dolor, pero
perseverar en obstinado desconsuelo es una conducta de impía terquedad,
conociendo que la muerte es el fin último de lo que está vivo.
** Acto primero escena primera de Hamlet de Shakespeare.
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