Habiendo llegado un alumno de otro
monasterio solicitó al maestro interno que le enseñara su arte, ya que él venia
adiestrado en las de su monasterio. El nuevo discípulo fue recibido pero antes
se acercó a él el maestro con dos vasos y le dijo mostrando ambos vasos llenos:
-Este eres tú y este soy yo.
Y al instante comenzó a vaciar el contenido
de un vaso en el otro y éste a derramarse, de pronto se detuvo y arrojó fuera
el contenido del vaso alumno y ahora si pudo llenarlo de agua del vaso maestro.
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